lunes, 19 de mayo de 2014

... para compartir algo más que una velada

Si lanzamos una encuesta acerca del plato favorito en la infancia de todo español que se precie, estoy segura de que las croquetas ocuparán un puesto dentro del Top 3. De hecho, han alcanzado un lugar imprescindible no sólo en nuestro recetario tradicional sino en las cartas de los restaurantes más reputados.
Cono de Croquetas

Hace poco leí en un blog que los españoles deberíamos aprender de los austríacos y alemanes en materia de reciclaje. ¿Perdón? Esos no conocen a mi madre y a mi abuela (ni a las de media España). Si mandamos a una madre española al concurso de reciclaje mundial, ganamos el primer premio con mención especial.

Primera enseñanza de las madres españolas al mundo: no se tiran ni los trapos viejos, ¡Nunca se sabe! Su política se aplica a todo: ¿Quién sino ha servido de inspiración para todos aquellos que ahora nos venden su arte como cocina creativa?  Desde las croquetas de sobras de carne de cocido, pasando por la carne asada, las de sobras del pollo del domingo, las de espinacas y coliflor que tanto odiabas o las del toro de merluza que no cenaste... ¡Todo vale!

Segunda enseñanza de las madres españolas al mundo: mejor disfrazar el nombre para evitar discusiones absurdas. Piensa durante dos segundos: Si te ofrecen una croqueta de las sobras del cocido de la víspera o una esferificación cremosa con virutas de ternera en cobertura crocante, te quedarás con la segunda, ¿no es así? Y el resultado sin embargo será el mismo, o una experiencia sublime o el mayor error que hayas podido cometer. Moraleja: el marketing lo han inventado las madres...

Pero volviendo al tema en cuestión, si hoy dedico mi entrada a este manjar, es porque soy de las personas que ante una buena croqueta es capaz de renunciar a todo. Repito: Buena croqueta. ¿Cuántas veces no nos ha pasado que llegamos a un bar, vemos que en la carta ofrecen croquetas y picamos como tontos? A mí, por desgracia, me ocurre a menudo. Por mi paladar han pasado rocas con sabor a harina cruda, crema líquida insípida, las típicas pre-cocinadas sin descongelar del supermercado de la esquina... En fin... Todo un despropósito de patadas gastronómicas que estoy segura no haber sido la única en recibir.

Por otra parte, si lanzamos la polémica de cuáles son las mejores, aventuro el previsible resultado: Que si las de mi madre, las de tu abuela, las de "Conchita"... Ah, ¿Que no las conoces? Las de esa señora de toda la vida que regenta una pequeña tasca en el casco antiguo de todos los pueblos... En fin... que es motivo de disputa generacional.

Da igual, digáis lo que digáis, las mejores son las de mi abuela y no admito otra opción (ya sabéis que me encanta polemizar). Pero como por desgracia es difícil que las probéis, os recomiendo las 6 mejores que he degustado en Madrid y me han transportado por segundos a otra época de mi vida:

Casa Manolo
  • Casa Manolo: Situada en el barrio de Cortes, esta típica tasca madrileña ostenta el título de ser uno de los templos croqueteros por excelencia. No esperes encontrar la esférica croqueta perfecta sino todo lo contrario. Lo que las hace sublimes es la receta casera 100% y el punto clave: un exterior crujiente que se funde con la cremosa bechamel tostada. Se venden por unidades y su precio es muy razonable.

La croquetta
  • La Croquetta: Buen ambiente, calidad y servicio inmejorable. El típico lugar donde la croqueta es una religión, pero no la única. Está claro que es su especialidad, pero ofrecen una amplia variedad de tapas artesanas y platos que se adaptan a todos los gustos. Con 9 opciones diferentes capaces de dejarte sin sentido, te recomiendo las de cabrales con nueces de california y las de boletus. ¿Que las prefieres de Jamón ibérico?  Pídelas y ya me contarás la experiencia. Te las sirven de dos en dos con un único propósito: que no te vayas sin haberlas probado todas.
  • Las Tortillas de Gabino: Aunque en su carta quien manda es la tortilla, las croquetas de jamón ibérico para mi gusto ocupan el puesto de honor. Sencillamente perfectas. Cremosas y suaves, sencillas pero intensas. De esas que nunca te cansan y que si por ti fuera, las comerías todos los días. Por otra parte, tienes la opción de las de boletus, muy buenas, pero no tienen nada que hacer ante la magnitud de las anteriores.
    Croquetas casa Julio
  • Casa Julio: Un básico. Una de las tabernas castizas de Madrid donde encontrar un hueco es imposible. Situado en pleno barrio de Malasaña, sus redondas y dinimutas croquetas son un lujo. Si eres de los tradicionales, las de jamón no te defraudarán y si por el contrario, lo que te gusta es innovar, las de espinacas con puerros o pasas y gongonzola no te dejarán indiferente, son una gozada. Lo que está claro es que la amplia variedad cubre todos los gustos. Vamos, que es el típico sitio para ir con amigos y saber que no te defraudarán. 
    Arzábal
  • Taberna Arzábal: No es la primera vez que menciono este local en mi blog, pero es importante destacar las virtudes de los manjares que ofrecen. Hoy, como no, tocan las croquetas y en concreto, las de jamón ibérico y las de boletus. Caseras, ovaladas, elaboradas con leche de oveja te vuelven loco, de esas que dejan un regusto especial y de gran intensidad. La ración es más bien pequeña, compuesta de 8 croquetas que te llegarán a poco y te dejarán con ganas de segunda parte.
  • Jurucha: De los típicos sitios en el barrio de Salamanca donde se juntan generaciones diferentes con un denominador común: el gusto por lo bueno. El problema es que es muy pequeño y muy concurrido, por lo que el fin de semana es imposible encontrar un hueco para acceder a la barra. Entre la gran variedad de tapas suculentas, las croquetas de jamón y huevo (medio huevo duro dentro) y las de cocido son un imprescindible. Caseras, cremosas con exterior crujiente. Un manjar que eleva al máximo exponente este delicado bocado.
Grandes, pequeñas, redondas, ovaladas, ligeras, intensas... Si algo es capaz de adaptarse a todos los gustos y reinventarse día tras día, esa es una buena croqueta. 

Amada por muchos, odiada por otros tantos, sin duda, motivo de discusión a la hora de escoger un plato para compartir con tu familia o amigos. Eso sí, mamás, abuelas, tías, Conchitas... como las vuestras ninguna
Después de este recital gastronómico en el que dejo ver uno de mis puntos débiles, lo que está claro es que si quieres compartir conmigo algo más que una velada, un vino y unas buenas croquetas es una idea estupenda así que, ¿Cuándo me llevarás contigo? 







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