martes, 4 de marzo de 2014

... para revolucionar los sentidos


Los que organizamos normalmente los planes, sabemos lo que supone que lo que has deseado y preparado con mimo y entusiasmo se tuerza. Bien es cierto que la clave del éxito no es como la fórmula de la Coca Cola, es sencilla y popular: buen ambiente y calidad, dos características en extinción porque, en general, hemos decidido cambiarlas por lo chic & cool.
Cecina con Foire

Mi vena "modernícola" inquieta me lleva a ser la primera en consultar esas revistas de actualidad que recomiendan el nuevo lugar de referencia en Madrid, donde dos croquetas se sirven en sombrillas que ocupan media mesa y el vino lo tienes que sujetar con la mano (por no hablar del aforo)... todos sabéis a lo que me refiero...

Pero una vez visito esos lugares, la misma duda de aborda: ¿Hasta qué punto es necesario renunciar a lo de siempre? Es verdad que en ocasiones necesitamos una brisa de aire fresco pero, ¿Todo vale?

Mi post de hoy va dedicado a 5 locales de Madrid que nunca fallan, situados entre los barrios de Retiro y Salamanca. Esos sitios que no sólo por la calidad, el trato y el ambiente  hacen que repitas, sino porque te trasladan a esa atmósfera en peligro de extinción de la que os he hablado.


Taberna La Castela
1. La Castela: en la calle Doctor Castelo podemos encontrar este mágico lugar de azulejos en la fachada. De entrada, encontrar un sitio en la concurrida barra es complicado, pero en pocos minutos, debido a la rotación constante, te puedes hacer un hueco. Han sabido combinar a la perfección calidad y delicadeza sin perder el alma tradicional más pura. La carta es apta para todos los públicos: desde mojama o cecina hasta la milhoja de ventresca, que para mi gusto, es un básico. 


Taberna Arzábal
2. Taberna Arzábal: Si algo bueno tiene el barrio del Retiro es que puedes cambiar de local sin perder calidad. Situada en la misma calle, si hay una barra que se precie en Madrid ésa es la de Arzábal. La elegancia de su decoración interior, unida a la sencillez y calidad de la carta te trasportan directamente a la cuarta dimensión. Una copa de vino con las exquisitas croquetas de boletus, unas alcachofas a la plancha o las famosas anchoas del cantábrico convierten un día cualquiera en todo un acontecimiento culinario.


Taberna Laredo
3. Taberna Laredo: Y seguimos en la calle Doctor Castelo. Sofisticación, calidad, ambiente, buen hacer y materia prima, son los atributos que destacaría de este lugar. Si a ésto sumamos el magnífico criterio seguido a la hora de confeccionar la oferta de vinos, nos encontramos ante el que para mi gusto es uno de los mejores restaurantes de Madrid. La carta es más delicada que la de Arzábal (también es cierto que algunas opciones son un poco complicadas para degustar en la barra, pero merece la pena el esfuerzo). Combinan clásicos como las anchoas o mejillones, con un tartar de atún exquisito o la ensalada de burrata, con la que sigo soñando a menudo.


Copa de vino blanco La montería
4. La Montería: Un poco más arriba, en la calle Lope de Rueda, nos tropezamos con este peculiar restaurante. Sencillez y calidad te ayudan a olvidar el escaso espacio disponible en su interior. La oferta de vinos está perfectamente compensada con una carta que combina pescados con caza o setas en temporada. Eso sí, la ensalada templada de perdiz y el salmorejo son dignos de mención especial. Y ya para los más golosos, recomiendo 100% los buñuelos de chocolate, una explosión de sabores que no dejará indiferente a nuestras papilas gustativas.



Tosta de El Cañadío
5. Cañadío: El paseo hasta Conde de Peñalver se ve compensado con la exquisitez del último de los 5 templos de hoy. La esmerada selección de pinchos que ofrecen en la barra, nada tiene que envidiar a los renombrados restaurantes de la zona. A pesar de que nunca he pedido las rabas ni las anchoas del cantábrico, se dice se rumorea que son dignas de oda. De todas formas, os aseguro que las croquetas de chorizo y la ensalada de bacalao con cebolla confitada marcaron un antes y un después en mi lista de obligados. Por supuesto, todo ello acompañado de una buena copa de vino, la cerveza desvirtualiza los platos y disfraza su sabor. 


Como bien afirman los británicos, “Redline a day keeps the mechanic away”. Pues bien, esta selección sube las revoluciones de mis sentidos hasta el límite, así que espero que produzca el mismo efecto en vosotros. Eso sí, sin abusar. La exquisitez de cada uno merece una degustación en estado puro, por eso, recomiendo no probarlos todos en un mismo día.

Ya para terminar, teniendo en cuenta que muchos de vosotros estaréis echando de menos otros tantos lugares especiales a los que ir de tapeo una noche entre semana, dentro de un tiempo publicaré la segunda parte de la revolución de los sentidos. Eso sí, en otra zona diferente y con terrazas, que para eso estamos en Madrid y ya se acerca el buen tiempo.


Después de esta minuciosa exposición ¿Todavía te sigues preguntando a dónde me llevarías para revolucionar mis sentidos?



1 comentario :

  1. Aysss la galleguiña que buen gusto tiene... En La Castela, además de la ventresca, recomiendo los chipirones encebollados y el revuelto con boletus. Todo bien acompañado de sus famosos vemuth de barril. Buen trabajo rubia. Carbi ;-)

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