lunes, 17 de febrero de 2014

... con los ojos cerrados


Si hay algo que realmente demuestra la confianza que podemos depositar en otra persona es cerrar los ojos y dejarnos llevar.

Estamos acostumbrados a controlar tantos aspectos de nuestra vida, que hemos arrinconado por completo el azar y los finales son más que previsibles.

Confieso que soy la primera en hacerlo y adoro cuando los planes salen como esperaba, pero si me dejara llevar un día cualquiera, me gustaría aparecer en el restaurante del que hoy hablaré: Saporem.

Vista del reservado situado en el interior del restaurante Saporem
No sé si será la atmósfera del mágico barrio en el que está situado: Cortes, pero sólo con verlo una vez ya conquista por su gran personalidad (colonial, rústico, urbanita, retro…). 
Ya dentro, podemos distinguir dos zonas claramente separadas: el bar con mesas altas y aire urban y el restaurante, con un toque rústico-vintage que le dan todavía más personalidad.


Cualquier día es perfecto para visitarlo, pero lo que marca la diferencia es el patio cubierto del interior: sin duda el gran valor añadido del local.


Vista general del patio cubierto de Saporem¿Para beber? Indispensable probar la sangría de cava con fresas (y eso que yo soy más de cerveza o vino). La carta es perfecta para compartir y apta para todos los paladares sobre todo, porque las recetas son sencillas con toques sibaritas de autor.


Si tuviera que destacar un plato de la carta, sin duda sería el steak tartar, no sólo por su sabor sino también por la cantidad, que en Madrid es un aspecto mejorable en la mayoría de los sitios.

Sangría de cava y fresasAhora bien, para mi gusto las mesas están bastante juntas, por lo que intimidad y comodidad son dos puntos negativos a un local que tiene más potencial del que realmente se ha explotado. Por otra parte, el resto de atributos que tiene te hacen olvidar éstos dos aspectos que sin duda, cuando entras en la magnifica atmósfera que ofrece, olvidas por completo.

Si lo que quieres es sorprender a alguien, Saporem es una apuesta segura, ese lugar que no defrauda nunca y que anima a dejarse llevar con los ojos cerrados.


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